¡Ay, qué hambre!

En la semana 8, todas las revistas y páginas web -de las que tengo que hablar en un futuro post- coinciden en afirmar que sufrimos molestias que van desde problemas estomacales a mareos, náuseas, vómitos y cansancio generalizado. Yo estoy teniendo suerte ya que de momento no tengo náuseas muy fuertes ni vómitos. Yo lo que tengo es una sensación en el estómago que no se me va en todo el día. Tengo dos modos, o bien estoy muerta de hambre o, cuando como, aunque sea poco, me siento hinchadísima y llenísima y no se me va esa sensación hasta volver al primer modo de hambre voraz. Paso de un estado a otro sin transición, es agotador… En cuanto a la comida, no me repugna nada de momento y como de todo, aunque sí me da asquito el café, el cual dejé del todo, y es ver una taza de coffee y poner mala cara.

El cansancio también hace mella y tengo que dormir más. Me acuesto antes y si puedo aprovecho para dormir una pequeña siesta al mediodía.

Dejando de lado estas molestias, que, comparando con lo que pasan otras chicas no son nada, me siento feliz. Tengo ganas de que me hagan la ecografía para poder ver al bebé y darme cuenta de una vez por todas de que existe una nueva vida creciendo en mí. Ahora debería tener el tamaño de una almendra… Es difícil de imaginar.

El viernes me darán los resultados de los análisis. Ya contaré lo que me comente el médico al respecto.

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