¡Qué estrés!

Lucía es buena. Es muy buena. Es tranquila, paciente y muy risueña. Sin embargo, de vez en cuando, y como todos los niños, tiene sus pequeñas pataletas… De vez en cuando no se porta bien, porque no obedece cuando la llamas o porque no quiere hacer algo que le pides, como vestirse para marchar por ejemplo. Y si se enfada es difícil hacerla razonar. Lo que más me enfada es que a veces tiene el reflejo de pegar. No hace daño obviamente, pero sí que es frustrante, porque le dices que no, pero en ese momento está tan enfadada que no te escucha y sigue pegando.

Yo me pongo muy nerviosa cuando pasan estas cosas y no lo llevo nada bien. Tengo la mala costumbre de elevar la voz. Sé que no debería, que no sirve de nada gritar ya que empeora la situación pero a veces no soy capaz de mantener toda la calma que debiera. Para eso David es mucho más pausado, es capaz de reñirle en voz baja… y creo que funciona mejor.

Intento aplicar el “slow life”. Me parece un estilo de vida y de educación muy bueno. Se trata de evitar correr todo el día, adaptarse al ritmo de los niños, que al fin y al cabo no pueden ser conscientes de los horarios tan cargados que tenemos los adultos. Es cuestión de levantarse un poco antes por la mañana para no andar con prisas. A veces, los fines de semana, da la sensación que tenemos que correr también cuando en realidad podríamos olvidarnos de la hora casi siempre. Si la niña tarda más en vestirse porque lo quiere hacer todo solita, pues no pasa nada, no tenemos prisa en salir de casa. Si en la calle camina despacito porque lo está mirando todo y lo quiere tocar todo, pues no pasa nada, porque nadie nos está esperando. Y aunque nos estuvieran esperando, no sería para tanto tardar 5 minutos más.

Está claro que el trabajo es inamovible y ahí sí que hay que respetar horarios. Pero creo que en lo demás estamos demasiado pendientes del reloj. Somos demasiado estrictos.

Como conozco mis defectos -la impaciencia es uno de ellos-, puedo ponerle solución, tengo que ponerle solución. Simplemente me tengo que esforzar más. Yo me agobio con facilidad, la limpieza de la casa, el planchado, hacer la comida, lo que viven todas las familias, a mí me agobia mucho porque lo quiero todo perfecto y cuando veo el fregadero con loza sucia o cuando veo la pila de ropa que me queda por planchar me pongo nerviosa. La gente dice que hay que desentenderse un poco y relajarse, que si la casa no está reluciente que no pasa nada. Y es verdad, pero tengo que trabajar en este tema porque me estreso por estas cosas y no disfruto lo que debería con mi niña.

De verdad que Lucía es un cielo, nada que ver con otros niños que veo por ahí o que me comentan que son unos terremotos… Tengo que estar agradecida porque tiene un carácter muy bueno.

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La mudanza.

El pasado viernes 19 de julio nos dieron la llave de nuestro nuevo piso y desde ese día estuvimos llevando cajas allí. Íbamos poco a poco cada día, por una parte porque no teníamos muchas cajas y había que vaciarlas en el piso nuevo y volver a llenarlas en el viejo, y por otra parte, porque queríamos que la mudanza grande se hiciera rápido.

Ésta se hizo el sábado 27 y nos ayudaron mi hermano Christian, mi cuñado Xoan y su hijo Lois y nuestros amigos Luis y Laura. Mi cuñado trajo un camioncito para los muebles más grandes. Durante la mañana se trasladó todo (menos bultos pequeños que llevaríamos mi novio y yo en los siguientes días). Tomamos empanada a media mañana, nos vinieron a visitar Muriel y Selena, quienes luego se fueron con Christian, y al medio día fuimos a comer juntos a un restaurante cerca del piso. Nos acompañaron Ana y Olalla. Por la tarde ¡jugamos al tetris con los muebles! Es decir, estuvimos moviendo la disposición de los muebles del salón un montón de veces, porque no sabíamos cómo ponerlos. Me hacía mucha gracia ver a los chicos mover los muebles de un lado para el otro, y Ana, Laura y yo decir “no, así no queda bien… qué tal si los poneis de esta manera…”. ¡Pobres!

Ese mismo día nos quedamos a dormir en el piso nuevo. Las llaves del otro las entregamos el día 31.

En cuanto a mí, la mudanza me destrozó la espalda. No movía cajas ni nada pesado, pero el hecho de estar todo el día de pie de aquí para allá, llenando cajas y vaciándolas, limpiando, ordenando, agachándome, y eso durante unas dos semanas me provocó un dolor en la zona lumbar que me obligaba a sentarme o tumbarme a cada rato. Y por las noches no podía más. Podía tomar paracetamol para el dolor, pero no me hacía nada. Lo único que funcionaba era descansar y las noches eran bastante reparadoras. Ahora que todo pasó ya casi no me duele la espalda.

Por último, comentar que el sábado pasado fuimos al Ikea. ¡Qué gran invento el Ikea… jaja! Estuvimos todo el día y la verdad es que me cansé pero mereció la pena, compramos varias cosas que necesitábamos, como unos zapateros, una cajonera y una alfombra para el estudio, el colchón de la cuna junto con un protector, el famoso sillón con la estructura de madera y el asiento de tela y varias cosas pequeñas para la cocina, el baño, los armarios, etc… Quedamos contentos, aunque la tarjeta de crédito echó un poco de humo… jeje.

Ahora mismo, el piso está a medio ordenar, aún tenemos muchas cosas por el medio pendientes de que se les encuentre un lugar en algún armario o cajón… Pero nos lo tomamos con calma para no cansarnos tanto como estas últimas semanas.

¡Nos mudamos!

Puesto que la familia crece, el hogar también tiene que crecer.

Desde que nos quedamos embarazados, mi pareja y yo estábamos de acuerdo en que teníamos que buscar otro piso más grande para la comodidad de tres. Actualmente, vivimos en un piso de dos habitaciones, el cual, aún siendo amplio, resultará escaso cuando tengamos que meter todos los cachivaches de bebé ya que una de las habitaciones la destinamos a estudio.

Tras visitar varios pisos en nuestra misma localidad, hemos encontrado el ideal. Es de tres habitaciones y muy grande, nuevo y exterior. Podremos tener una habitación para nosotros, otra para bebé y también el estudio. Además en la principal cabe de sobra la cuna junto a la cama de matrimonio para los primeros meses. Éste es un tema que trataré más adelante: ¿dónde duerme bebé? ¿y hasta qué edad?

Nos trasladaremos para el mes de agosto, aunque podremos ir haciendo la mudanza con calma quince días antes. Espero poder con ello, ya que no puedo coger mucho peso. Aunque yo me creo capaz, todos me dicen que nada de coger pesos, ¡nada!, así que seré buena y me cuidaré… Me dedicaré más bien a empaquetar las cosas, desmontar los muebles, recoger, ordenar, limpiar… y volver a colocar todo en el piso nuevo… De cargar con los bultos se encargará mi novio junto con algún familiar o amigo que nos ayude.

Me hace mucha ilusión porque es otra de las cosas que ratifican la realidad de las cosas, de que está un bebecito en camino!

En cuanto a mi estado físico, estas dos últimas semanas noté muchísimo el crecimiento de mi barriga. Ahora ya tengo una pequeña barriga de embarazada, ya casi no se confunde con barriguita cervezera! Jaja. La gente va a ir dándose cuenta… Ayer, durante gran parte del día, me dolió  a un lado de la barriga, como si tuviera algún tirón o un punto de esos que te dan cuando haces un mal movimiento. Tras permanecer tumbada en el sofa durante casi toda la tarde, se me pasó. Hoy, por si acaso, no iré a pilates, para descansar los músculos de esa zona. Sigo durmiendo mal algunas noches, lo compenso con siestas…

Y por hoy nada más, la semana que viene me toca la ecografía! Viva!