Después de la otitis.

Lucía superó la otitis como una campeona. Los antibióticos hicieron efecto y se encontró mejor enseguida. El problema es que los antibióticos le provocaron diarrea y estuvo así más de una semana. Yo le daba arroz y acuarius y evitaba las verduras, pero no había mucho que hacer. La pediatra nos recetó unos polvos para restaurar la flora intestinal y se los dimos durante cinco días mezclados con un yogur. La tercera reacción en cadena es que se le irritó toda la zona del pañal por culpa de la diarrea. Le echábamos crema protectora (yo solía usar la Johnson’s Baby o la de Babaria que tiene aloe vera) pero no la curaban. Compramos en la farmacia una mejor, la de Seba Med, que por lo menos le aliviaban el picor. La pobre se quejaba mucho y anduvo mucho tiempo con el culito al aire en nuestra casa y en la de los abuelos. Como veíamos que no le pasaba la irritación fuimos a urgencias, otra vez, y resultó ser un hongo. Allí, mi niña volvió a portarse de maravilla, a pesar del picor, ella no lloró. Fue muy buena. La médica que nos atendió nos recetó una pomada para el hongo y otra anti-inflamatoria. Había que echar las dos, una después de la otra, mañana y noche. Tardó cuatro o cinco días en curarse…

Todo ello me hizo pensar en lo buena y fuerte que es Lucía porque no se quejó mucho y siguió siendo feliz igualmente, aunque le picara el culete, aunque tuviera retortijones, aunque le dolieran los oídos… Esperaba pacientemente en la sala de espera de urgencias, se portaba bien con los médicos… Sinceramente, la admiro porque creo que más de un adulto se hubiera quejado mucho más que ella. Ahora todo esto pasó y volvemos a la normalidad.

La otitis.

Mi niña acaba de tener otitis. La pobre, desde que empezó la guardería, ya estuvo enfermita dos o tres veces. Pero nunca fue muy importante, unos catarros sin mayor complicación. Estaba saliendo del último catarro y entonces estuvo dos noches enteras llorando. Por el día estaba más o menos bien, pero por la noche le subía la fiebre y no paraba de llorar. Estuvimos haciendo números para que se calmara. Le dábamos apiretal para la fiebre, pero tampoco sabíamos qué más hacer. No notamos que le doliera nada. Le preguntábamos si tenía pupa y decía que no. Además como por el día mejoraba no nos imaginamos que fuera a ser esto. Estos dos días, lógicamente no la mandamos a la guardería sino que fue a casa de los abuelos. Pues, al segundo día, nos llamaron porque le salía pus de un oído. Entonces fui a buscarla y nos fuimos a urgencias. Ella se portó como una campeona. Fue muy buena, en la sala de espera estaba tranquila y luego, se portó muy bien con la médica que la oscultó. Hasta colaboraba cuando le decía que abriera la boca o se dejara ver los oídos. Lo dicho, Lucía es un angelito.

Resultó ser otitis, por lo que nos mandó darle antibiótico cada ocho horas durante siete días. Y para el malestar y la fiebre, teníamos que alternar el paracetamol con el ibuprofeno. Por suerte solo tomó paracetamol la primera mañana y después ya no le hizo falta. Ya se encontraba mucho mejor. Ahora llevamos cinco días dándole el antibiótico ya que no se puede interrumpir el tratamiento, aunque se encuentre bien. Hoy, lunes, ya fue al cole. Estaba muy contenta de volver.

Y luego me tocó a mí. Nunca fui propensa a la otitis, no recuerdo haber tenido una, ni David tampoco. Menos mal. Pero sí que pillé una buena gripe. Estuve todo el día de ayer fatal, casi me desmayo y vomité la poca comida que había tomado. En todo el día solo comí tres galletas María. Y dormí un montón, ya que me encontraba muy débil y con malestar en los huesos. Hoy ya estoy un poco mejor, aunque muy cansada.

Creo que el invierno acaba de empezar y vamos a salir de una para meternos en otra…