Y llegó Lucía

He tardado en escribir porque me ha sido imposible. No tuve tiempo más que para mi hija!
El día 18 de noviembre ha nacido Lucía a las 17:35. Todo empezó el día anterior; a las 9:40 del día 17 he roto aguas al levantarme de cama. Después de ducharme y desayunar nos fuimos para el hospital. Tras comprobar que efectivamente había roto aguas, me ingresaron. A partir de ahí estuve en una habitación esperando a que empezaran las contracciones. Éstas empezaron por la noche. Fueron cada vez más fuertes hasta que fueron muy seguidas, cada dos minutos. Entonces pedí bajar a la sala de partos. Sin embargo me dieron unos calmantes y volví a la habitación. Aguanté dos horas y volví a bajar. Entonces me pusieron la epidural. Eran las 6 de la mañana aproximadamente.
A partir de ahí todavía no había dilatado del todo así que me pusieron oxitocina al cabo de unas horas. Una vez dilatado, nos tuvieron en una sala para empezar a empujar. Mi novio, que estuvo conmigo desde el principio, hizo de matrona y me ayudó a empujar, siguiendo las instrucciones del personal. Menos mal que estaba conmigo. Le debo el no haberme derrumbado durante todas esas horas.
Tras empujar durante tres horas, vimos que el bebé no bajaba por el canal de parto. Era muy grande y no tenía la cabecita totalmente encajada. Así que las ginecólogas me dijeron lo que no quería oir: había que hacer una cesárea. Me dió mucho miedo y me apené mucho porque mi pareja no iba a poder estar conmigo.
En el quirófano me asusté y lloré. Las médicas eran muy amables pero no me quitaban la angustia que sentía. La anestesista me dijo que no iba a sentir dolor pero sí que sentiría lo que fueran a hacer. Y así fue. No me dolía pero noté los pinchazos, el corte y cómo metían las manos en mi interior para sacar a mi bebé. Fue muy desagradable. Lo dejo aquí reflejado así de crudo porque es lo que sentí y lo pasé bastante mal. Cuando por fin sacaron a mi niña, me la enseñaron llenita de sangre y sustancia blanca. No tengo palabras para describir lo que sentí cuando la vi. Fue inolvidable. Luego la lavaron y me la pusieron al lado de mi cara y le pude dar besos, llorando…

Fuera esperaban mi novio y mis padres. Le dieron a la niña a él un rato. Y luego se la llevaron a la sala de prematuros donde también van los bebés nacidos por cesárea. Él fue con ella y se quedó allí con ella todo el rato.
A mi me llevaron a reanimación. Tuve que estar allí hasta que pude mover las piernas y me llevaran a mi habitación. Vinieron a verme mi novio, antes de irse con la pequeña, mis padres, mis hermanos y mis cuñados. Yo estaba tan emocionada y aturdida…
Y por fin pude subir a la habitación y al cabo de un rato me trajeron a mi niña. Lo más bonito del mundo. Vino mi novio y la felicidad fue total.

Ahora pasaron casi tres semanas y hoy fue el primer momento que tuve libre para escribir el post. Tengo ganas de continuar con el blog pero no encuentro el tiempo para ello. Quiero contar mi experiencia en estas tres semanas con mi bebé; el hospital, las visitas, el aprendizaje en el cuidado de mi niña, los trámites legales, la falta de sueño, la recuperación posparto… Hay muchas cosas por contar. Espero sacar algo de tiempo de vez en cuando para actualizar el blog.

Por cierto, mi Lucía pesó 4kg y midió 50,5 cm.

La recta final.

El martes pasado volví a la cita de los “cintos”. Estuve veinte minutos con ellos puestos y en ese periodo tuve cinco contracciones (de esas que no duelen). Le pregunté a la matrona que me atendía si eso era normal y me dijo que sí, que si tengo muchas contracciones de ésas es que el cuerpo se está preparando para el parto. Así que me quedé tranquila porque sí que noto contracciones cada dos por tres a lo largo del día.

Después, en la consulta de la tocóloga me hicieron otra eco en la que se vió que todo iba bien. El bebé pesa aproximadamente 3,500 kg. Está con la cabecita colocada. En cuanto a la urticaria me explicó que pueden ser cálculos biliares. Esto es un problema de la vesícula biliar que se queda atascada y uno de los síntomas es ese picor por todo el cuerpo. A veces les pasa a las embarazadas por culpa de las hormonas. El problema es que puede derivar en cólicos, que no son convenientes estando embarazada. Por lo tanto, me dieron cita para el próximo martes y dependiendo de los análisis, puede que me dejen ingresada ya para provocarme el parto, ya que no es bueno que tenga esos cálculos durante mucho tiempo en mi estado.

Por un lado me preocupa esto pero por otro casi me alegro de que me ingresen ya que tengo unas ganas locas de dar a luz. Estoy muy incómoda con la barriga, me pesa y me molesta mucho al tenerla baja. Los picores parece que van remitiendo un poco, pero aún así no los soporto nada bien, sobre todo en la zona de la barriga. Y por último, estoy muy cansada siempre. En casa ya casi no hago nada de tareas, estoy sentada o tumbada mucho tiempo, de hecho, como no duermo bien por las noches, suelo dormir buena parte de la mañana o en cama o en el sofá. Aún así intento caminar un poco cada día (es bueno para provocar el parto). Otra cosa que me pasa es que me hinchan las manos una barbaridad por las noches. Eso hace que casi no pueda cerrar los puños cuando me despierto. Además estos últimos días se me duermen los dedos y tengo que ponerlos hacia abajo para que me pase. Tengo ganas de que acabe esto ya y tener a mi pequeña en brazos.

El viernes pasado el médico de cabacera me vió los análisis y dijo que estaban bien, que lo de los cálculos biliares no estaba muy mal. Eso me tranquiliza. Pero dijo que es probable que me ingresen de todos modos para que no haya complicaciones, que ello dependería sobre todo de la persona que me fuera a atender ese día. Por lo tanto, no me queda más que esperar al martes y ver qué pasa.

Por otra parte, también puedo ponerme de parto en cualquier momento, por lo que estoy todos los días pensando en eso. No estoy nerviosa ni tengo miedo, lo llevo bien, es más, tengo ganas de ponerme de parto. Cuando esté sufriendo las contracciones ya pensaré de otro modo… jeje. Puse unas toallas en el coche de mi novio por si rompo aguas fuera de casa.

El otro día me encontré con dos compañeras de las clases de preparación al parto y ya habían dado a luz. Estaban esperando por la matrona con sus bebés y eran tan lindos! El compañero de trabajo de mi novio que esperaba un bebé al mismo tiempo que nosotros también fue papá estos días. Me dan una envidia…

Por último, éstos son los pendientes que compramos para ponérselos a nuestra niña cuando nazca, son super pequeños y muy bonitos:

pendientes

Clases de preparación al parto.

El martes pasado fui a mi primera clase de preparación al parto. Éramos unas 15-20 chicas sentadas en el suelo encima de colchonetas y con un montón de cojines. 15-20 barriletes… era una imagen graciosa.

La “profe” es la matrona a la que voy a hacer mis visitas rutinarias. Es muy maja. En esta primera clase, que dura unas dos horas y media, hablamos un poco de todo. Planteamos dudas a las que María José nos contestó. Vamos a tener 8 clases y en cada una trataremos temas diferentes, dos clases para la lactancia materna, las contracciones y el parto, la epidural, el post-parto, y alguna cosa más que me dejo en el tintero. Las dudas de las chicas eran las de cualquier embarazada, incluida yo. Preguntamos por las contracciones y cuándo ir al hospital. En este tercer trimestre, puedes tener contracciones esporádicas. Allí un par de chicas decían que las tenían. Si son pocas y espaciadas, solo hay que tumbarse de lado y esperar a que pasen. Si no se pasan y se vuelven más frecuentes, en mi caso (antes de la semana 35) debería ir a urgencias y me las pararían. Después de la semana 35, ¡significa que estás de parto! Si rompes aguas, también tienes que ir al hospital.

Hablamos del hospital concreto en el que vamos a dar a luz. Allí puedes tener a tu pareja desde el principio contigo, hasta el final, a menos que tengan que realizar una intervención tal como usar ventosa o forceps o bien pasar a una cesárea. Puedes estar en la posición más cómoda para ti; de pie, en cuclillas, hay sillas especiales y pelotas de pilates. Para el pujo final te tumban en la camilla. El personal de este hospital tiene fama de ser muy bueno y muy amable. Se tiende a realizar cesáreas lo menos posible, por eso a veces hay madres que están muchas horas ya que se intenta esperar lo máximo posible antes de intervenir quirúrgicamente. Lo mismo pasa con la episiotomía; no la hacen por protocolo, sino que intentan que dilates lo máximo posible y solo se hace si es realmente necesario. Los porcentajes para estas dos intervenciones, en este hospital, son más bajas que en los privados de la zona. Éstos suelen programar los partos para que sean en horario laboral y no vayas a dar a luz en plena noche… Para ello hacen cesáreas o te inducen el parto. Asimismo, cuando se presentan complicaciones estos privados te envían al hospital público al que voy a ir. Así que éste me merece toda la confianza.

María José también nos explicó lo que es el masaje perineal. Hay que empezar con él a partir de la semana 34. Está indicado para que la dilatación sea más fácil, evitar las episiotomías y que la zona se recupere mejor en el post-parto.

Hablamos también de la importancia de hacer ejercicio: caminar (más de media hora…), nadar, hacer bici estática, pilates para embarazadas…

Dos horas y media dan para muchas más cosas pero por lo general de todo esto es de lo que hablamos. Estuvo muy entretenido y aprendí bastantes cosas. El martes que viene, entraremos en materia. Ya contaré por aquí lo que me vayan a enseñar.