Nuestras vacaciones de verano.

La semana pasada nos fuimos de vacaciones. Solo fueron cuatro días, porque decidimos irnos en coche en vez de coger el avión, y no queríamos romper la rutina demasiado tiempo. Puedo parecer sobreprotectora en cuanto a la comodidad de Lucía, pero también es para la mía y la de su padre. Al final, unas vacaciones con mucho trajín casan mucho. Finalmente decidimos visitar Bilbao y San Sebastián. En el camino, paramos en Burgos.

Los preparativos.

Al ir en coche, solo nos preocupamos de elegir bien el hotel y reservarlo. En nuestro caso, elegimos uno céntrico en Bilbao. A posteriori diré que fue una buena elección. Se encontraba en Abando, cerca del Guggenheim y a pocos minutos andando de la zona vieja.

En cuanto al equipaje, al ser verano no necesitamos llenar mucho las maletas, ya que la ropa es ligerita. La semana se preveía calurosa, con las mañanas y las noches un poco más fresquitas, por lo que para Lucía elegí vestidos y monos cortos, con chaquetitas de punto para la primera hora del día y para las noches. Llevé más ropa de la que al final usó, porque quería mudas por si se manchaba etc… No pudieron faltar un par de libros, sus muñecos favoritos y los dudús.

El viaje.

Nuestra intención era madrugar mucho para llevar a Lucía aún dormida para el coche y que durmiera unas horas en el camino antes de desayunar. Pero en cuanto bajamos al garaje a las 7 de la mañana ya se despertó y siguió espabilada hasta que paramos una hora después para tomar el bibe. No pasaba nada porque se portaba bien y no se quejaba. No durmió hasta el mediodía. Teníamos pensado parar en León para comer y visitar pero como ella dormía aprovechamos y seguimos. Al llegar a Burgos, se despertó, así que paramos allí a comer y visitar.

Burgos

Hacía muchísimo calor y buscábamos la sombra a toda costa. La ciudad es muy bonita, con un paseo fluvial precioso y la catedral que es impresionante. También lo es el precio de la entrada, 7€! Me pareció demasiado y no entramos.

La estancia.

Al llegar a Bilbao pudimos dar un paseo a última hora por el casco viejo.

Al día siguiente, tocó visita al Guggenheim. Es un edificio espectacular, aunque no soy fan del arte moderno.

5- Guggenheim (1)5- Guggenheim (23)

Los demás días nos dedicamos a visitar la ciudad, con incapié en la zona vieja que es preciosa. Para comer y cenar optamos por los pintxos típicos y el txacolí, riquísimo todo. Lucía se lo pasó en grande durante las visitas. De vez en cuando echaba una siestecita en la silla pero muy cortita, no tan larga como si estuviera en su cuna, en casa, pero ella lo llevó bien y estaba feliz.

Fuimos un día a San Sebastián, que está a una hora de camino. No tuvimos mucho tiempo, pero pudimos ver la playa de la Concha, que es muy bonita y también el casco viejo dónde callejeamos.

6- San Sebastián Playa de la Concha (9) 7- San Sebastián casco viejo (10)

 

El último día, antes de regresar, fuimos a Portugalete, que se une con Getxo a través de un puente que es Patrimonio de la Humanidad, el puente de Vizcaya. Tiene un transbordador para cruzar el río que va colgado. Es muy chulo y el ticket sólo vale 0,35€.

puente

 

Tenía miedo de que Lucía no se adaptara a la cuna del hotel (la verdad, bastante cutre) y al hecho de que estaría en la misma habitación que nosotros. Ella ya duerme sola en su habitación desde muy pequeña. Pero todo fue bien, salvo una noche en la que se despertó a las 5 de la mañana y tardamos una hora en que volviera a dormir (ella creía que ya era por la mañana).

La vuelta se hizo larga, pero tuvimos suerte con Lucía porque se portó muy bien. De vez en cuando se quejaba y parábamos un poco. Es normal, son muchas horas y acaba aburriéndose. Durante los últimos kilómetros le pusimos la tablet colgada del asiento delantero con dibujos animados, para que se mantuviera entretenida.

En resumen, estoy contenta con nuestras primeras mini-vacaciones. Ahora ya estoy trabajando otra vez y ya lo hecho de menos.

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Empezó el verano.

Este mes de junio hizo un tiempo estupendo aquí en Galicia. Nos decidimos pues a iniciar la temporada playera.

Las playas gallegas, para quien no las conozca, son paradisíacas. El agua es cristalina, la arena es blanca y fina y los servicios son muy buenos. Por eso Galicia es una de las comunidades autónomas con más banderas azules de España. Lo único de lo que podríamos quejarnos es que el agua del Atlántico está un poco fría, pero prefiero eso que el agua caliente del Mediterráneo, que no refresca nada.

Lucía ya había ido dos veces a la playa el año pasado, pero era muy pequeñita y estuvimos muy poquito tiempo cada vez y lógicamente ya no se acuerda. Esta vez sí que lo disfrutó. Lo primero que le llamó la atención fue la arena, le gustó mucho, se sentó en la toalla con los pies en la arena y jugó con el cubo y la pala. Le llenamos el cubo de agua y estuvo haciendo castillos pequeñitos y se embadurnó las piernas de arena. Estaba muy graciosa. Acabó como un croqueta…

En cuanto al agua, la llevamos a la orilla y mojó los pies, pero no le gustó nada. Decía “no te gusta agua”! Jaja, pobre. Creo que lo que no le gustaba eran las olas, la debían de asustar. La cogimos en brazos y ya no quiso ir más al agua. Yo no la quiero forzar. No es necesario que llore y que le coja miedo al agua. La iremos acostumbrando poco a poco. Le enseñaremos cómo se bañan papá y mamá y que no pasa nada. Y ya saldrá de ella querer bañarse o simplemente mojar los pies.

Al finalizar nos fuimos para las duchas. Llené el cubo de Lucía con agua y le lavé las piernas y los brazos para quitarle la mayor parte de la arena. Ya la ducharía luego en casa.

Sólo estuvimos un par de horas, no más, ya que creo que es muy pequeña y la playa cansa mucho. Además prefiero ir a última hora de la tarde cuando el sol es menos dañino.

Para mí, lo más importante a la hora de ir a la playa es la protección solar. Ella tiene una crema infantil de farmacia, de protección 50. Nosotros, evidentemente, también nos echamos protección. No hay que escatimar ya que las enfermedades de la piel no son ninguna broma. El sol puede hacer mucho daño. Además la niña está todo el rato debajo de la sombrilla. No quiero que esté al sol más que para dar un paseo. Y el sombrero, como ya comenté en otro post, es obligatorio.

En definitiva, el verano es una maravilla. Si vamos preparados (con agua para estar hidratados y una muda) y protegidos, las tardes en la playa son una delicia.

Gracias por leerme.

Llega el buen tiempo




A mediados de mayo empezó el buen tiempo aquí en Galicia y se agradece un montón. Por las mañanas y cuando se pone el sol, aún hace fresquito, pero por el día huele a verano. Hay mucha diferencia de temperatura en las distintas horas del día, por lo que vestir a Lucía es difícil. Cuando la llevo a casa de las abuelas, mientras yo voy a trabajar, siempre le llevo varias mudas. Estos días suele salir de casa con pantalón fino (tipo leggin o parecido) y camiseta de manga larga. Y entonces en su bolsa le pongo otra muda igual (por si se mancha) y otra muda corta (pantalón corto o falda y camiseta de manga corta, o bien vestido). Es que al medio día no hay quien pare al sol. Lo imprescindible para salir de casa es el sombrero. Ya había comentado que mi niña tiene la piel muy blanquita y sensible, por lo que tampoco puede faltar una buena crema protectora para el sol. Se la echo antes de salir de casa.

en el jardín

en el jardín

en el jardín

Una vez preparadas para la calle, es un placer verla corretear en los parques o en las plazas con sus brazos y piernas al aire y su sombrero… Se lo pasa en grande. Mis padres tienen una finca muy grande en la que Lucía juega mucho. Hay muchos árboles por lo que suele estar a la sombra y es una delicia tomar el café o la merienda allí. Por otra parte, mis suegros, que viven en piso salen más de casa y van al parque para que Lucía juegue.

Cuando vayamos a la piscina y a la playa, le dedicaré un post. Estad atentos.